Es hora de hablar de MOTOMAMI.

Bienvenid@s a otro episodio donde me vuelvo a alejar de la temática central del blog para desahogar las pensamientos que me vienen a la cabeza mientras estoy barriendo.

En esta ocasión me quiero referir al tema que una parte de mí sabía que tarde o temprano llegaría a tocar: mi opinión sobre MOTOMAMI, de la Rosalía.

No soy de las personas que enganche mucho con todo lo que sea música experimental (razón por la cual yo y el rock progresivo no somos muy afines, pero en otra oportunidad hablaremos de eso) y mis primeras escuchas de MOTOMAMI estuvieron invadidas por el sentimiento de «me alegro que esto tenga tantas críticas positivas, pero no es lo mío». Ya a la cuarta y quinta escucha estaba recitando cual poemario Chicken Teriyaki y rezando el «saoko papi saoko» ante el primer «qué dices».

La verdad es que, con el correr de las semanas estoy tan entrada en esta fiesta como lo está el querido Flea, quien tampoco ocultó su faceta motomamística en Twitter:

Y ya con toda la bomba desatada, estaba postergando la pregunta que el universo entero se ha hecho durante todas las últimas semanas: ¿será que el éxito de Motomami se debe a una eventual profundidad artística o simplemente es una obra sin sentido y sobrevalorada? Yo creo que ni una ni la otra. O un poquito de ambas.

Motomami no es ni esto ni aquello: simplemente es lo que es. Su mayor sentido es no tener sentido. Es un compendio que mezcla, por un lado, todos los elementos que caracterizan a nuestra sociedad actual gracias a nuestra buena amiga la globalización: redes sociales, tecnología, anime (o cultura japonesa), música urbana y otras cosas más (que son elementos con los que también juegan muchos otros artistas como Doja Cat); así como también elementos que han acompañado toda la carrera de Rosalía y que le permitieron en esta oportunidad jugar con su faceta de artista y productora.

Contrastando lo que varias reseñas muestran, yo no creo que el álbum sea una obra que busque una interpretación muy profunda. Es ambiciosa, pero no es pretenciosa, a diferencia de sus antecesores Los Ángeles y El Mal Querer, que si tenían una profundidad dada por su conceptualidad. Motomami, en cambio, busca experimentar sin exigir mucho a cambio. No se necesita reflexionar, sino disfrutar. Y disfrutar de la misma manera que la Rosalía disfrutó trabajando en él.

Pero tampoco hay que darle lugar a las confusiones. Motomami, a pesar de su simpleza, no es cualquier cosa. De hecho justamente en su minimalismo está toda su magia, en tiempos en los que muchas veces nos encontramos saturados con la sobreproducción musical. Un aspecto ya característico que no abandona Rosalía en su nuevo material es su directa participación en todo su trabajo creativo. Un producto vacío y falto de contenido podría ser cualquier disco lleno de samplers pre-fabricados, pero este no es el caso. La española pasó casi 3 años trabajando en la producción del álbum, preocupándose de que cada detalle sonoro alcanzara el resultado que ella esperaba, lo que envuelve todo esto de un aura más interesante, pues sirve como una invitación a entrar en su cerebro y que tenga suerte quien intente comprenderlo.

¿Y qué pasa con la lírica sinsentido?

Viendo su entrevista con Jaime Altozano (la que me negué a ver hasta después de haber empezado a escribir esta entrada), me hizo todo el sentido del mundo. De forma casi paradójica, es un álbum que no requiere mucha interpretación porque es el trabajo más personal de Rosalía. Sus letras no se entienden a la primera, porque está lleno de referencias que son para ella misma, y eso no le resta ni le suma profundidad. Como ella misma dijo, su voz es un instrumento más dentro de su trabajo compositivo, por lo que las letras eran lo último en lo que pensaba. Al fin y al cabo, si alguien quiere buscarlas, siempre estará nuestro buen amigo internet para eso. Y tiene razón.

Saoko o Bizcochito son canciones para bailar. Nadie busca bailar con canciones que tengan un contenido lírico muy profundo. En cambio canciones como La Fama que si tienen contenido, no son aceptables por su «mensaje trillado» y otras como Delirio de Grandeza que es derechamente un homenaje directo al bolero (específicamente a Justo Betancourt) de plano pasan desapercibidas para los más puristas.

En definitiva, creo que el disco se respondió a sí mismo. Desde el momento en que comenzó a generar las reacciones que provocó, dividiendo las aguas entre quienes intentaban darle un significado y quienes simplemente están bailando y viviendo al ritmo de él, cumplió con su cometido. Porque es un material que no genera preguntas voluntariamente, ni tampoco busca respuestas. Solo es lo que es, y es bueno siéndolo.

Tampoco hay una obligación social intrínseca de gustar de él, como en ninguna obra, pero creo que es injusto criticarlo desde la vereda del prejuicio que genera todo lo que se relacione con el marketing. Hasta ahora, algo de lo que no se le puede acusar a la Rosalía es de ser una vendida, mucho menos con el que quizá sea su material más auténtico hasta la fecha, y creo que el tiempo le dará la razón.

4 comentarios sobre “Es hora de hablar de MOTOMAMI.

Agrega el tuyo

  1. Durante el último tiempo se ha implementado casi una imposición de ser profundo, complejo y presuntuoso. Si las letras no requieren de 3 procesos de decodificación, son basura. Y creo que esa es la razón principal por la que Motomami gusta tanto (incluyéndome), porque no pretende ser algo que no es. Rosalía trabaja duro en su arte, pero tampoco se toma demasiado en serio (igual que Doja), así que se permite experimentar con los sonidos y la lírica y crear cosas que tal vez no a todos les guste a la primera oída. El motomami es para bailarlo y divertirte, o para escucharlo mientras estudias y necesitas música que te despierte, y a veces eso es todo lo que uno necesita.

    Y sabemos que Chicken Teriyaki ya es el himno nacional.

    Le gusta a 1 persona

    1. Y tan bueno es que no se agota en lo superficial. Quien busque algo más subido de tono tiene Hentai, quien busque algo más melancólico y personal tiene G3 N15 y así para todos los gustos.

      Y muy de acuerdo. Que viva Chicken Teriyaki.

      Me gusta

  2. Una vez se entiende que motomami es un álbum experimental íntimo, todo cobra sentido. Y creo que las genialidades pueden venir de la simpleza bien trabajada, no solo de letras con 10 capas distintas.
    Pd: aun así, me ofende el limitado conocimiento de lo que es «hentai» por parte de rosalía 😾.
    Pd 2: muy buena entrada ❤️

    Le gusta a 1 persona

    1. Es interesante el tema de la simpleza, creo que está bien trabajada. Me gustó mucho que hiciera un proceso al revés: en vez de construir canciones agregando elementos, las construyó quitándoselos. La intención era alcanzar los elementos sonoros que hicieran que las canciones se sostuvieran por sí mismas, como una columna vertebral.
      En fin, maravillas del proceso creativo.

      PD: Lo comparto. Aunque no es primera vez que un artista juega a ser otaku. Ya lo hizo Bad Bunny antes y nadie reclamó👀

      Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Crea tu sitio web con WordPress.com
Comenzar
A %d blogueros les gusta esto: